La depreciación del peso y los optimistas: el caso de México

Por José De Jesús Ramírez
En su libro Cándido, el escritor francés Voltaire relata la vida del joven Cándido y su mentor, el doctor Pangloss. Parte interesante del libro es la doctrina que el doctor Pangloss enseñaba a su pupilo, la cual se basaba en el optimismo desmedido y en el arte de la causa-efecto, señalando que un evento negativo en realidad era el preámbulo de algo positivo. Así Pangloss filosofaba “las desgracias particulares contribuyen al bien general; de manera que a más desgracias particulares mejor va todo”. Y por un tiempo Cándido le creyó.

No fue hasta después de vivir un cumulo de tragedias que incluyeron la destrucción de su palacio, su exilio, humillación y hasta la desdicha de ver morir a su maestro Pangloss ahorcado, que Cándido dolorosamente exclamo “¡Oh Pangloss! Tú no habías sospechado semejante espanto; se ve que no tendré más remedio que renegar de tu optimismo”. Cuando se le pregunto a Cándido que era el optimismo el respondió “Es obstinarse en defender con vehemencia que todo está bien cuando está mal.”

Sin duda, la filosofía optimista del doctor Pangloss, al menos en los análisis de la economía mexicana sigue vigente. En este último año hemos sido testigos de una abrupta depreciación nominal de la moneda nacional que aproximadamente alcanza el 40%, sin embargo en diferentes medios nacionales, economistas de diversas tendencias, periodistas e incluso recientemente Andrea Legarreta –esta última desatando polémica al ser conductora de un TV-show— han salido a vociferar no tan solo que la depreciación no es perjudicial para los mexicanos, sino que en contra de la lógica de cualquier lego indicaría, estos analistas han mencionado que la actual depreciación del peso ¡es positiva para la economía!

Cualquier trabajador mexicano seguramente se sentiría ofendido con esta aseveración y justificadamente podría señalar lo que los indignados argentinos decían en 2001 “Nos están orinando y los medios dicen que llueve”. Pero este breve ensayo tiene como objetivo ofrecer un análisis crítico de esta hipótesis, porque no deja de ser curioso que en los albores de la depreciación, en una revista virtual de izquierda uno de los autores llegaba a las mismas conclusiones que Legarreta –claro, sin causar la polémica de esta-, señalando que “Para el caso mexicano, la actual depreciación del peso quizá sea una de las pocas razones debido a las cuales la economía crezca un poco”. Así, este autor estaría emulando al doctor Pangloss cuando este le decía a Cándido “todos aquéllos que han defendido que todo está bien han cometido un error: deberían haber dicho que todo es perfecto”.

Dicha creencia compartida entre autores de izquierda y voceros de un gobierno neoliberal sobre la benevolencia de una depreciación de la moneda nos lleva ineludiblemente a las siguientes preguntas ¿Cuáles son los fundamentos que sostienen este análisis? Y más importante aún ¿Hay realmente unanimidad en torno a este enfoque?

En primer lugar, hay que agregar que el fundamento teórico que señala que una depreciación es positiva para una economía se encuentra en cualquier libro de texto de macroeconomía neoclásica y es conocida como la condición Marshall-Lerner; más aún, en México, autores como Jaime Ros (2013) han apuntalado que depreciar la moneda es una cuestión sine qua non para lograr el desarrollo industrial de una nación, pero ¿cómo llegan a estas conclusiones?

Para ilustrar la mecánica de esta estrategia damos un breve ejemplo. Supongamos que hay dos vendedores de jabones; uno mexicano y otro chileno; y ambos exportan jabón a Estados Unidos, en donde venden cada unidad a 10 pesos. Si en ambos países la paridad del tipo de cambio fuese de 10 pesos por dólar, a un americano le sería indiferente comprarle el jabón al mexicano o al chileno, ya que cada jabón, independientemente del país, le costaría un dólar. Ahora bien, si el tipo de cambio mexicano se depreciara de 10 a 20 pesos por dólar, el americano ahora podría comprar con un dólar dos jabones mexicanos. Bajo esta lógica, al ser más baratos los jabones en México, el americano solo demandaría jabones de ése país. Es de esta manera como la depreciación permitiría ganar competitividad a la industria de un país.

Ahora bien, explicado el fundamento que sostiene la hipótesis de los efectos positivos de una depreciación en una economía; hay que aclarar que no hay consenso en torno a este análisis. Como se dijo anteriormente, la condición Marshall-Lerner se encuentra en cualquier libro de macroeconomía “neoclásica”; pero hay que agregar que con la crisis del 2008 todo este compendio teórico ha sido fuertemente sacudido al no proveer del instrumental analítico para entender la crisis financiera. De esta forma, la condición Marshall-Lerner también debe ser puesta bajo escrutinio.

Acá señalaremos tres razones por las cuales una depreciación puede no reportar los beneficios que menciona la condición Marshall-Lerner y que lo más obvio es que esta cause efectos adversos en amplios sectores de la sociedad. En primer lugar, una de las falencias de la teoría es que se sigue basando en los principios neoclásicos del efecto sustitución; es decir, lo que se piensa es que la demanda de un bien depende únicamente del precio. Este supuesto sin embargo, ya ha sido puesto en cuestionamiento por diversos autores, uno de ellos fue Joseph Schumpeter (en Chang (2013: 69-70)), al señalar que más importante que la competencia por precios es la competencia por innovación. Es decir, en el caso de los jabones Schumpeter diría que aunque el jabón mexicano fuera más barato, si el jabón chileno fuera percibido de mayor calidad por el consumidor estadounidense, este seguiría comprando jabones chilenos; se sigue así que la demanda de un bien puede ser inmune a los supuestos beneficios de una depreciación.

Una segunda crítica es la señalada por Fiorito y los hermanos Guaita (2013). Estos autores hacen el señalamiento clásico de que una depreciación siempre significa una pérdida inmediata del salario real de los trabajadores. Esto es, en una economía que tiene un elevado comercio, gran parte de los insumos y maquinaria que utilizan las empresas son importados. Es por ello que, por ejemplo, si una empresa utiliza insumos importados, estos le serán más caros y por consiguiente los precios de los productos que esta empresa venda en territorio nacional serán más elevados. Si el salario nominal de los trabajadores (como ocurre en México) no sube de inmediato, esto implicará inmediatamente una pérdida del poder adquisitivo de estos trabajadores. De ahí que el trabajador mexicano no solo resiente el alza de los precios de los productos finales importados de Estados Unidos –como tantas veces se ha dicho—, sino también el alza de los productos domésticos. Por tanto, este menor poder adquisitivo de los trabajadores se convierte inevitablemente en una menor demanda de la producción doméstica. Los efectos finales son conocidos. Las empresas nacionales, dada una menor demanda de sus bienes y mayores costos, tendrán que ajustar el impacto de la depreciación mediante recortes en su personal o hasta con el cierre definitivo. Así, las supuestas ganancias de una depreciación – si es que estás llegaran a tener lugar – pueden ser fácilmente erosionadas por las pérdidas de producción derivadas de la misma depreciación.

Por último, hay que señalar el hecho poco mencionado por diferentes analistas, de que la demanda de bienes nacionales depende también del ingreso del país al que se exporta; es decir, aun con un tipo de cambio depreciado, si Estados Unidos no tiene un crecimiento económico significativo, las exportaciones de nuestros bienes no van a crecer en una elevada cuantía. Volvamos al caso de los jabones. Si un americano ve reducido su nivel de ingreso, aunque los jabones mexicanos sean más baratos, él no va a adquirir una mayor cantidad de ellos, y el caso contrario puede ocurrir; si aumenta su nivel de ingreso, entonces es posible que el americano adquiera más jabones. En este caso, lo que importa para que un jabón sea demandado de nuevo no es el precio, sino el ingreso de nuestro principal comprador.

¿Qué nos señala la evidencia en México? En la Gráfica 1, se muestras la evolución en niveles de las exportaciones mexicanas no petroleras junto a la evolución del tipo de cambio real en los últimos dos años, donde se muestra la tendencia de esta última variable hacia una depreciación continua. Lo que se puede observar es que en este periodo, las exportaciones parecen ser inmunes a la depreciación del tipo de cambio real. De hecho si se toma como porcentaje, durante el año 2015 la depreciación real fue cerca de un 12.2%, mientras que las exportaciones aumentaron en menos del 0.8%. Esto es importante porque los hechos estarían desbaratando el optimismo desmedido de muchos analistas, concluyéndose que no, la depreciación no ha sido positiva para nuestra economía. Acá estos analistas en un acto de redención podrían exclamar lo que Mefistófeles con las lamías ““ Tenté bellas máscaras y abracé seres que me espantaron. Bien me hubiera gustado que el engaño no se disipara, que durara algo más”

TCR Y X, MÉXICO11
Por otra parte, el Gráfico 2 muestra lo que hemos señalado anteriormente. Esto es, que es posible que la variable que en realidad sirve de impulso a las exportaciones nacionales sea el crecimiento económico de Estados Unidos.

GDP EUA

Quizá al trabajador mexicano, al resentir directamente los efectos de la depreciación ha dejado hace tiempo de ser un ingenuo Cándido como para creer en el optimismo de los doctores Pangloss; lo preocupante es que en la historia que nos narra Voltairé, Pangloss –aun con los hechos en contra— murió creyendo en su filosofía, ojalá este no sea el caso de muchos analistas económicos mexicanos.

Para finalizar hay que recordar una entrevista a Iñigo Errejón (2014) en la que, retomando a Gramsci, este señaló que un grupo es hegemónico “cuando es capaz de generar una idea universal que interpela y reúne no solo a la inmensa mayoría de su comunidad política; sino que además fija las condiciones sobre las cuales, quienes quieren desafiarle deben hacerlo”. En este caso, que haya coincidencia sobre las virtudes de una depreciación entre una parte de la izquierda mexicana y el gobierno neoliberal en turno solo revela la capitulación intelectual de esa izquierda y que por tanto, en el análisis económico de México, han dejado la hegemonía –y con ello las reglas del juego— completamente a disposición de los economistas neoliberales.
Bibliografía
– Castañeda D. (2015, 4 de Agosto) ¿Nos debemos preocupar por la depreciación del peso? Revista horizontal en http://horizontal.mx/nos-debemos-preocupar-por-la-devaluacion-del-peso/

– Chang, H.J. (2014) Economics; the user´s guide, Bloomsbury Press. New York

– Errejón I. (2014) Hegemonía, Estado, cambio e irreversibilidad (Acción Democratica) en . https://www.youtube.com/watch?v=gIDNJkA5dcA

– Fiorito, Guaita y Guaita (2013) El mito del crecimiento económico dirigido por el tipo de cambio competitivo. Revista Circus, Número 5

– Ros, J. (2013) Algunas tesis equivocadas sobre el estancamiento económico de México. Colegio de México.

– Schumpeter J. (2003 (1976)). Capitalism, Socialism and Democracy. Taylor and Francis e-library.

– Vernengo M. (2013, 7 de Agosto) Where is the elasticity? (or more on devaluation and growth) recuperado en http://nakedkeynesianism.blogspot.mx/2013/08/where-is-elasticity-or-more-on.html

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