La restricción eterna

Puf. Este sí que es un tema complicado. La restricción externa.

No sé quién fue el primero que acuñó las palabras “restricción externa” y tampoco importa ahora. El punto es el siguiente y claro: cada vez que las economías periféricas crecen, las importaciones crecen más que proporcionalmente. Dado que las exportaciones, casi siempre, dependen de la demanda externa, que crece muy despacio y lentamente, y que la periferia exporta, casi siempre, commodities, las importaciones crecen más rápido que las exportaciones.

Fíjense en este gráfico: crece el PBI, las importaciones crecen mucho más.

¿Cuál sería el problema de esto? En principio ninguno. Si importás (comprás) más de lo que exportás (vendés), lo financiás y listo. Pero…resulta que hay que financiarlo en una moneda que no es la tuya. El sistema monetario internacional desde 1971, se rige por el patrón-dólar. ¿Qué es eso? Casi todas las transacciones comerciales internacionales se hacen en dólares.

Si algún país periférico quiere importar persistentemente más de lo que exporta, debe financiarlo en dólares. ¿Qué se puede hacer al respecto?


En primer lugar, tratar de no importar tanto. Esto es fácil decirlo pero difícil hacerlo. Porque lo que hay que hacer no es importar poco creciendo poco, sino importar poco creciendo mucho. La única solución frente a esto es la sustitución de importaciones.

Uno diría, ¿por qué no exportar más? Sí, también, genial, gran idea. El problema es que las exportaciones dependen de la demanda externa, por lo tanto no se puede empujar la cuerda. Para crecer vía exportaciones hay que esperar a que la demanda externa crezca, e incluso en esa situación no está dicho que las importaciones no van a crecer más que proporcionalmente. Por ende no es una solución.

Algunos dicen, seamos más baratos y exportaremos más. Esto es cierto también. El problema es definir cómo se llega a ser barato. Hay varias opciones. La primera, la más común y la más escuchada es “depreciar la moneda” para ser “competitivos”. Esto es lisa y llanamente disminuir los salarios. Vean la figura siguiente, donde se puede observa la relación entre el tipo de cambio (real) y los salarios (reales). Claramente cuando aumenta el tipo de cambio bajan los salarios y al revés, sobre todo después de 1971.

El caso argentino ha demostrado que esta salida no es exitosa. Y tampoco existe un país que se haya desarrollado sólo devaluando su moneda. Hay algunos que dicen que hay que “bajar los salarios ahora” para que sean “más altos después”, esperando algo que no va a suceder: crecer vía exportaciones, que como ya explicamos, dependen de la demanda externa.

Entonces, ¿cómo aumentar las exportaciones? No se puede aumentar las exportaciones de un día para el otro. Es un proceso que lleva tiempo y planificación estatal. El mercado no va a resolver la falta de “financiación en dólares” de los países periféricos, y tampoco lo va a resolver una potencia extranjera haciendo favores a cambio de nada. Es necesario hacer una política industrial que perdure en el tiempo, que requiere, obviamente, como condición necesaria, un fuerte consenso político con conciencia nacional. Es el mismo proceso de sustitución de importaciones que, si se ejecuta de manera exitosa, implicará la capacidad de comenzar a exportar esos bienes que, primero, se importaban. No se debe descartar tampoco la inversión extranjera directa en el proceso de sustitución de importaciones.

En definitiva, las exportaciones por arte de magia no van a crecer.

En segundo lugar está la vía “financiera” para financiar esos dólares que faltan. Reduciendo el esquema, el Estado en este caso puede emitir deuda: a. deuda en moneda propia;
b. deuda en moneda extranjera;
c. recurrir a organismos multilaterales de crédito.

El último, que siempre incluye condicionalidades políticas, es una opción: el Fondo Monetario Internacional, entre otros. No creo que sea necesario explayarse sobre el daño que le ha generado este organismo a los países periféricos.

La deuda en moneda extranjera es emitir deuda en una moneda que el Estado (de la periferia) no emite. Casi siempre estas deudas son basadas en ley de Estados Unidos o del Reino Unido, por lo que los tribunales de justicia para resolver estos casos son extranjeros. Al final, la pérdida de soberanía siempre la vamos encontrar en algún lugar con este sistema internacional de pagos.

La mejor opción es financiarla en moneda local, con ley nacional, emitir deuda que pague una tasa de interés más que interesante a los “inversores” internacionales que traerán sus dólares a las arcas del Banco Central, y con ello se financiarán esas importaciones producto del crecimiento. Obviamente, la tercera estrategia no está exenta de limitaciones. ¿Es bicicleta financiera? Sí, lo es. Pero es la que “más” soberanía permite genera comparada con b. y c., y sobre todo porque para que entren dólares, no hay otra opción. Hacer que no se vayan es relativamente fácil, hacer que entren no. Lo importante es que entren, porque para crecer necesitamos más dólares de los que tenemos. Los que tenemos nunca serán suficientes si queremos crecer a tasas altas, algo que es necesario para vivir mejor.

4 comentarios en “La restricción eterna

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