Dictadura y salarios

Por Ramiro Álvarez (IDAES-UNSAM)

La naturaleza clasista del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” no está en discusión. Basta leer el discurso del entonces ministro de economía, Martínez de Hoz, o artículos de la época (e.g. Canitrot, 1980, 1981) para dar cuenta que el diagnóstico de la situación económica que se impuso al interior de la Junta Militar (sobre todo de la mano del dúo Videla-Martínez de Hoz) era uno que encontraba en el incremento de salarios reales, bajo esquemas de negociación colectivas de salarios monetarios y con independencia de los determinantes que identifica la teoría marginalista (i.e. dotación factorial, técnicas productivas y preferencias), la causa última de fenómenos tales como la elevada inflación o una tasa de crecimiento que ciertos sectores (el agropecuario o el empresariado extranjero) consideraban podía incrementarse de redefinirse el patrón de desarrollo y de inserción internacional de la economía.

Esta intervención no tiene por objeto contraargumentar esos fundamentos teóricos, los cuales fueron seriamente impugnados 16 años antes por Sraffa al mostrar las dificultades que tiene la teoría neoclásica para señalar tendencia en la distribución del producto neto en un esquema analítico con bienes de capital físicamente heterogéneos. Esta intervención busca contra-argumentar la idea de plan económico que, por medio de niveles de represión nunca antes visto en la historia, logró eliminar las presiones de puja distributiva que caracterizaron a la Argentina entre 1946 hasta la fecha (Para un abordaje de la economía política de la dictadura desde las lentes del enfoque clásico-keynesiana, Cf. Álvarez, 2020).  

Sin duda que la detención y desaparición de líderes políticos, sindicales o estudiantes, así como la intervención de las fuerzas políticas del movimiento obrero marcaron todos los aspectos de la cosa pública en esos años. Sin duda que la imposición de congelamiento y posteriores ajustes salariales por decreto presidencial entre mayo de 1976 y marzo de 1977, para luego adoptar una modalidad de negociación por empresa que incentivaba la indexación de contratos y con ciertos límites máximos hasta finales de 1978, también fueron parte de la política de disciplinamiento del movimiento obrero que describen Canitrot (1979), Braun (1981) y Carciofi (1986). Por último, nadie pone en dudas que el cronograma de disminución de aranceles buscó restringir la capacidad de incrementar los salarios nominales sin que esto derive en desplazamiento en el mercado local de la producción domestica por importación, una vez re-establecido el esquema de negociación salarial a nivel empresa (lo que Canitrot rotula como estrategia de disciplinamiento externo).

Sin embargo, lo que se desprende de la literatura que aborda esos años es que, en un contexto de persistencia inflacionaria gatillada por la eliminación de subsidios a tarifas de servicios públicos, la quita de retenciones y las dificultades que introdujo en la administración del tipo de cambio la Reforma Financiera de 1977 (la imposibilidad de controlar agregados monetarios y tipo de cambio con desregulación de la cuenta capital), las tensiones al interior de la Junta Militar y los reclamos por los pobres resultados económicos obtenidos derivaban en demandas al ministerio de economía por flexibilizar de manera creciente el proceso de fijación de los salarios monetarios. Estas presiones terminaron obligando al gabinete económico a cambiar en varias ocasiones la estrategia económica y, en lo que hace a la política salarial, introdujeron mecanismos que tendieron a la indexación de contratos (Cf. Frenkel, 1984) para garantizar niveles de subsistencia. 

El temor por parte de varios sectores de las FF.AA. a una potencial reacción de la sociedad civil ante el deterioro masivo y sistemático de las condiciones de vida, no pueden subestimarse y debe entenderse en el marco de la experiencia de los levantamientos de 1969, que se extendieron por varios años y que hirieron de muerte a la autodenominada “Revolución Argentina”. Este elemento, que como marca por ejemplo Canitrot en Monetarismo y Orden Económico, estuvo ausente en otras experiencias de regímenes militares en la región (p. 39). , fue la razón por lo que la dictadura argentina no sólo optó por mantener políticas que impidan incrementos sustanciales de la tasa de desempleo, sino que además  terminó forzando la inclusión de mecanismos que le permitieran al movimiento obrero acceder a cierta canasta salarial de subsistencia y hasta disputar en casos puntuales mejoras en la productividad (Cf. Frenkel, 1984, pp. 403-404).

De hecho, fueron precisamente las demandas salariales a lo largo de 1978-1980, la razón en la que se apoya Canitrot (1981) para explicar la ineficacia del programa anti-inflacionario de Diciembre de 1978, basado en el uso del ancla cambiara como herramienta para inducir una convergencia de la inflación doméstica a la inflación internacional. En síntesis, el argumento de Canitrot consiste en que, en una economía de formación dual de precios (sectores productores de mercancías potencialmente objetos del comercio internacional vs. sectores intrínsecamente no transables), los salarios nominales aumentaron aún en un contexto de incremento de salarios en dólares, cambiando los precios relativos en favor del sector no-transable. 

Fuente: Canitrot (1981), p. 163.

En palabras de Canitrot (1981), hacia 1978 el proceso de fijación de salarios nominales estaba fuera de control y no respondía a las pretensiones distributivas del gabinete económico de Martínez de Hoz.

Como se dijera previamente, el desideratum de la política de apertura de la economía fue regular el mercado de trabajo a través de los precios industriales sometidos a la competencia externa, de modo de suprimir el sistema de fijar salarios y precios en la industria mediante los convenios colectivos de trabajo. La presencia de un sector de bienes intrínsecamente no comerciables y la dualidad en la formación de precios hacen imposible lograr la regulación “externa” del mercado de trabajo. Consecuentemente, el fracaso de la política antiinflacionaria de diciembre de 1978 prueba, además, la básica inviabilidad de la estrategia disciplinaria de largo plazo” (p. 164).

Conclusiones similares pueden verse arrojadas en Frenkel (1984).

Parece razonable atribuir a la política salarial de las primeras fases haber contribuido a establecer un mecanismo de ajuste salariales que se independizó posteriormente de las normas dictadas. Pero que se haya establecido y perdurado sugiere que existen otras razones, más allá de la inercia generada por el régimen legal de ajuste inicial, que pueden explicar su vigencia”.

En este sentido las consideraciones de la literatura que aborda el período da cuenta que la dictadura, si bien fue efectiva en marcar cambios estructurales en la relación capital-trabajo (fundamentalmente, condicionando con el agravamiento la dependencia financiera y la escasez de dólares ante el estresante cronograma de pagos de compromisos externos), no su política económica no estuvo ajena a las presiones de una sociedad civil que había internalizado niveles de subsistencia que las propias FF.AA. juzgaban no se encontraba dispuesta a resignar (a diferencia de otros casos en el Cono Sur). La inviabilidad política de un gobierno, incluso en tiempos de suspensión de derechos políticos y garantías constitucionales, parecen ser la razón por la que el gabinete de Martínez de Hoz cambió políticas inspiradas en esquemas monetaristas tradicionales a políticas que ponían el foco en el tipo de cambio (y por tanto en los salarios en dólares) para apaciguar la dinámica inflacionaria de la época.

Estas conclusiones dan cuenta de un desafío político para aquellas fuerzas que pretenden en Argentina imponer una agenda de caída de salarios reales, lo que parece corresponderse con la historia política reciente, donde la tendencia a la caída del poder adquisitivo del salario entre 2015 y 2019, terminaron abortando la sustentabilidad electoral de la primera coalición no peronista capaz de terminar su mandato en los tiempos previstos por la Constitución Nacional desde 1928.

Bibliografía

Álvarez, R.E. (2020). Essays on the Argentine Political Economy through the lens of the Classical-Keynesian Approach, Ph. D. Thesis, Siena, Italy.

Braun, O. (1981) La imagen y la realidad.

Canitrot, A. (1980). La disciplina como objetivo de la política económica. Un ensayo sobre el programa económico del gobierno argentino desde 1976. Desarrollo económico, 453-475.

Canitrot, A. (1981). Teoría y práctica del liberalismo. Política antiinflacionaria y apertura económica en la Argentina, 1976-1981. Desarrollo económico, 131-189.

Canitrot, A. (1983). Orden social y monetarismo.

Frenkel, R. (1984). Salarios industriales e inflación. El período 1976-82. Desarrollo Económico, 387-414. 

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