Sobre el salario real II

Desde nuestra explicación acerca del salario real aquí nos han llegado varias consultas acerca de “la capacidad de organización y resistencia salarial por parte de los trabajadores”.

Adam Smith decía:

“Los salarios se fijan por convenio entre las partes contratantes, cuyos intereses son contrarios es decir que los salarios del trabajo, en todas las ocasiones, se acomodan al convenio que por común se hace entre estas dos partes, cuyos intereses de ningún modo pueden considerarse los mismos. El operario desea sacar lo más y el empresario dar lo menos que pueda. Los primeros están siempre dispuestos a concertar medios de levantar y los segundos de bajar, los salarios del trabajo”

Aquí dejamos un gráfico de la economía estadounidense desde el año 1947 hasta el año 2015. ¿Son los altos salarios reales la causa de los conflictos laborales?¿o son los conflictos laborales la causa de los altos salarios?

salario_real_II

¡Hasta la próxima!

Aspectos políticos del pleno empleo

Considerando el “cambio de época” que está sufriendo América Latina en su conjunto, decidimos incorporar al análisis un breve artículo de Michal Kalecki, economista polaco, que describe el porqué las limitaciones políticas son la causa más importante para el crecimiento sostenido de la demanda efectiva. Esta limitación, por lo general, se da mucho antes que aparezcan “cuellos de botella” en algún sector, o escasez de dólares.

El artículo es muy conciso y claro. Lo pueden descargar en el siguiente link:

Aspectos políticos del pleno empleo – Michal Kalecki

kalecki

¡Hasta la próxima!

La fábula de Kalecki

“En un barrio pobre de judíos en Polonia oriental, cuyos residentes estaban atrapados por sus deudas, un rico judío piadoso llegó un día y se hospedó en la posada, pagando su factura por adelantado. Era viernes y para evitar romper el sabbath le entregó al dueño de la posada para su custodia un billete de 100 dólares. Temprano el domingo, el acaudalado y piadoso judío dejó la posada antes del amanecer sin haber tenido la oportunidad de pedir el billete.

Después de unos días, el dueño de la posada decidió que el rico judío no iba a regresar. Así que tomó el billete de 100 dólares y lo utilizó para limpiar su deuda con el carnicero del pueblo. El carnicero estaba encantado y le dio le dio el billete para su custodia a su esposa. Ella lo usó para liquidar sus deudas con un local de costureras. La costurera estaba encantada, y se llevó el dinero para pagar el alquiler a su dueño. El casero se complace en conseguir su alquiler en el pasado y le dio el dinero para pagarle a su amante, que había estado dándole sus favores sin ningún dinero a cambio por mucho tiempo. La señora estaba contenta porque ella podría ahora usar el billete para liquidar su deuda en la posada del lugar donde ella ocasionalmente alquilaba habitaciones.

Así fue como el billete regresó al dueño de la posada. A pesar de que no había habido ninguna nueva producción ni ningún ingreso, ni se había creado nada, las deudas en el pueblo habían sido limpiadas, y todo el mundo miraba hacia el futuro con optimismo renovado.

Un par de semanas más tarde, el rico y piadoso judío regresó a la posada, y el dueño fue capaz de devolverle su billete de 100 dólares. Para su asombro y consternación, el rico judío tomó el billete, le prendió fuego, y lo utilizó para encender su cigarrillo. Al verlo el dueño se consterno, pero el judío le dijo que el billete era falso.”

En “A Kalecki Fable on Debt and the Monetary Transmission Mechanism” por Jan Toporowski (Agosto, 2015). Traducción: Ángel Carrasco Fernández.

Sobre el salario real

Los fisiócratas franceses y los economistas ingleses de la Economía Política Clásica tomaban el salario real como “dado”.

Arranquemos por el principio, ¿qué sería el salario real?

Es una canasta de consumo medida en términos físicos.
En su momento se hablaba, y aún hoy, de cierta cantidad de “grano”, es decir, trigo. Ese “salario de subsistencia”, sin embargo, nunca fue solamente interpretado en términos fisiológicos, sino que es un concepto más amplio. Hoy podría incluir servicios como internet, por ejemplo.

Para estos teóricos, la definición de “subsistencia”, incluye también algunos elementos históricos y sociales. A esta definición en la que acordaban tanto Adam Smith como David Ricardo, se incorpora más tarde la visión de Marx. Karl se dio cuenta que no sólo había un “salario de subsistencia” sino que también podía ser válido incorporar los aumentos salariales que se lograban a partir de los sindicatos. Es decir, los trabajadores podían aumentar su salario en términos físicos a partir del proceso de “puja distributiva”.

En el esquema clásico actual, es válido tomar tanto el salario real o la tasa de ganancia como “dadas”. Si consideramos que la torta a repartir es igual a uno, entonces uno menos la tasa de ganancia es igual al salario real. O si consideramos uno menos el salario real es igual a la tasa de ganancia.

Es decir, en una economía simple, salario real + tasa de ganancia = ingreso total.

Las condiciones económicas, sociales y políticas específicas que prevalecen en cierto período de tiempo son las que determinarán, a través del conflicto, el resultado de la distribución del ingreso entre trabajadores y capitalistas; y de esta manera, la relación de causalidad entre las variables distributivas.

Entonces, para resumir, el salario real, es decir, la parte que los trabajadores se llevarán del ingreso, depende de 2 cosas:

1. El salario de subsistencia.
2. La capacidad de organización y resistencia salarial por parte de los trabajadores.

Para ilustrar de qué hablamos, mostramos un gráfico de la distribución del ingreso en Argentina.

distribucion

Distribución funcional del ingreso para Argentina (1950-1976). Fuente: Banco Central de la República Argentina.

El pico máximo de la participación de los trabajadores en esta serie (que va desde 1950 hasta 1976) es en el año 1954, donde los trabajadores se llevaban el 50,85%. Juan Domingo Perón era presidente en ese entonces.

El piso de la serie es en el año 1976, donde los trabajadores se llevaban el 28%, en plena dictadura.

 

Un breve resumen de la perspectiva clásica-Keynesiana

El 8 de abril de 2016, David M. Fields, integrante de URPE (Union for Radical Political Economy – https://urpe.wordpress.com/), escribió “Un breve resumen de la perspectiva clásica-Keynesian” que nos decidimos a compartir con ustedes. Si bien implica cierta complejidad, pueden escribir para que respondamos sus dudas.

Le agradecemos al Profesor Fields por haber accedido a nuestro pedido, y desde ya nos disculpamos por cualquier error en la traducción.

¡Hasta la próxima!

Un breve resumen de la perspectiva clásica-Keynesiana

Desde un punto de vista clásico-keynesiano (Bortis, 1997, 2003), las tasas de interés regulan las tasas de ganancia (Panico, 1980, 1985), y, por lo tanto, los salarios reales se determinan de forma endógena. La presencia de instrumentos financieros, que representan títulos de los flujos futuros ingresos, hace que el centro real del conflicto distributivo en el capitalismo no esté en las condiciones técnicas de producción, sino que más bien se rige por la tasa de interés real, que es una variable convencional determinada de manera exógena que refleja los poderes relativos de los capitalistas financieros vis-à-vis los capitalistas industriales y trabajadores (Pivetti, 1985, 1991, 2001).

La tasa de ganancia, como una relación, tiene un significado, que es independiente de cualquier precio, y bien puede ser “dado” antes de fijar los precios. En consecuencia, es susceptible de ser determinada desde fuera del sistema de producción, en particular, por el nivel de los tipos de interés del dinero (Sraffa, 1960: 33)

En este sentido, las altas tasas reales de interés, inducen capitalistas industriales a preferir las inversiones financieras especulativas a corto plazo, en lugar de la inversión real productiva a largo plazo, ya que el acceso al crédito es caro. Consecuentemente, los capitalistas industriales centran su atención en la búsqueda de la inmediata realización de excedente, a través de la especulación, con el fin de manejar la carga de los pagos de interés – el costo social aquí es la supresión de los salarios nominales, lo que, implícitamente, exhibe una ampliación del ejército de reserva de trabajo.

[…] el sistema de crédito, que tiene su foco en los llamados bancos nacionales y los grandes prestamistas y usureros que les rodea, constituye un enorme centralización, y da esta clase de parásitos del poder fabuloso, no sólo para despojar periódicamente capitalistas industriales, sino también para interferir en la producción real en una manera más peligrosa – y esta banda no sabe nada acerca de la producción y no tiene nada que ver con ello. (Marx 1894: 544-45).

En este sentido, los modelos de crecimiento y distribución heterodoxas han sido desarrollados (cf. Hein, 2008), destacando la necesidad de una redistribución de los ingresos de las finanzas capitalistas/industriales hacia el trabajo (Lavoie y Seccareccia, 1999) y haciendo que el pleno empleo sea la meta de política económica más importante (Smithin, 2004). Como soporte de estos modelos son las obras que incorporan el principio de la demanda efectiva de Keynes y la teoría sraffiana de los precios en un análisis de largo plazo de la acumulación de capital (Park, n.d; Cesaratto et al., 2003). Estos estudios prestan una atención considerable a la medida en que el concepto del supermultiplicador hicksiano explica efectivamente el grado en que el consuma y la inversión inducidos, a través del acelerador, determina los niveles promedio de la producción total (Serrano, 1995) y, por lo tanto, la utilización normal de la capacidad (Amadeo, 1986; Trezzini, 1998), con la riqueza de un marco inspirado por Kaldor y Pasinetti (Docherty, 2012) que constituye meticulosamente la palpación del famoso aforismo de Kalecki que los ‘capitalistas ganan lo que gastan…trabajadores gastan lo que ganan”.

Referencias

Amadeo, Edward J. 1986. “Notes on Capacity Utilisation, Distribution and Accumulation.”Contributions to Political Economy 5(1):83–94.

Bortis, Heinrich. 1997. Institutions, Behaviour and Economic Theory: A Contribution to Classical-Keynesian Political Economy. Cambridge: Cambridge University Press.

Bortis, Heinrich. 2003. “Keynes and the Classics: Notes on the Monetary Theory of Production.” In Modern Theories of Money: The Nature and Role of Money in Capitalist Economies, (eds.) Louis-Philippe Rochon and Sergio Rossi. Cheltenham, UK: Edward Elgar.

Cesaratto, Sergio, Franklin Serrano, and Antonella Stirati. 2003. “Technical Change, Effective Demand and Employment.” Review of Political Economy 15(1):33.

Docherty, Peter. 2012. “Long Period Interest Rate Rules in a Demand-Led Kaldor-Pasinetti-Sraffa-Keynes Growth Model.” Journal of Post Keynesian Economics 34(3):521–46.

Hein, Eckhard. 2008. Money, Distribution Conflict and Capital Accumulation: Contributions to ‘Monetary Analysis’. Basingstoke: Palgrave Macmillan.

Kalecki, Michal. 1971. Selected Essays on The Dynamics of the Capitalist Economy 1933-1970. Cambridge: Cambridge University Press

Kaldor, Nicholas. 1955. “Alternative Theories of Distribution.” The Review of Economic Studies23(2):83–100.

Kaldor, Nicholas. 1966. “Marginal Productivity and the Macro-Economic Theories of Distribution: Comment on Samuelson and Modigliani.” The Review of Economic Studies33(4):309–19.

Lavoie, Marc, and Seccareccia, Mario. 1999. “Interest Rate—Fair.” In Encyclopedia of Political Economy, vol. 1, (ed.) Phillip Anthony O’Hara. London: Routledge.

Marx, Karl. 1894. Capital Vol. III. New York: International Publishers.

Panico, Carlo. 1980. “Marx’s Analysis of the Relationship between the Rate of Interest and the Rate of Profits.” Cambridge Journal of Economics 4(4):363–78.

Panico, Carlo. 1985. “Market Forces and the Relation between the Rates of Interest and Profits.” Contributions to Political Economy 4(1):37–60.

Park, Man-Seop. n.d. “Towards a ‘Classical-Keynesian’ analysis of Effective Demand in the Long Period.” Retrieved May 8, 2014 (http://www.centrosraffa.org/public/835b5a94-ba07-4d42-9fda-4274ae1bc52f.pdf).

Pasinetti, Luigi L. 1962. “Rate of Profit and Income Distribution in Relation to the Rate of Economic Growth.” The Review of Economic Studies 29(4):267–79.

Pasinetti, Luigi L. 1974. Income Distribution and Growth. Cambridge: Cambridge University Press

Pivetti, Massimo. 1985. “On the Monetary Explanation of Distribution.” Political Economy: Studies in the Suplus Approach 1(2):73–104.

Pivetti, Massimo. 1991. An Essay on Money and Distribution. London: Macmillan.

Pivetti, Massimo. 2001. “Money Endogeneity and Monetary Non-Neutrality: A Sraffian Perspective.” In Credit, Interest Rates and the Open Economy, (eds.) Louis-Philippe Rochon and Matias Vernengo. Cheltenham, U.K: Edward Elgar.

Serrano, Franklin. 1995. “Long Period Effective Demand and the Sraffian Supermultiplier.”Contributions to Political Economy 14(1):67–90.

Smithin, John. 2004. “Interest Rate Operating Procedures and Income Distribution.” In Central Banking and the Modern World, (eds.) Marc Lavoie and Mario Seccareccia. Cheltenham, UK: Edward Elgar.

Sraffa, Piero. 1960. Production of Commodities by Means of Commodities. Cambridge: Cambridge University Press

Trezzini, Attilio. 1998. “Capacity Utilisation in the Long Run: Some Further Considerations.”Contributions to Political Economy 17(1):53–67.

 

Sobre interés y precios

En la entrada anterior [acá], vimos que uno de los determinantes de del precio es el costo de financiar el negocio, es decir la tasa de interés. Vamos a ahondar en estos términos con ciertas aclaraciones previas.

Se suele escuchar habitualmente que los colapsos económicos o las crisis se deben a la codicia y a la ambición de los empresarios o a la de los banqueros.

Es menester aclarar que en el sistema capitalista existe una ganancia normal por cualquier actividad que se desee emprender; de otra manera, no habría ningún incentivo a iniciar un negocio.

Lo primero que debemos resolver, entonces, es el origen de esa ganancia normal. La tasa de interés que fija el Estado, a través de su Banco Central, se la podría considerar un “piso” para la tasa de ganancia. Cualquier empresario que ganara menos de eso le convendría cerrar su negocio y depositar su capital en un banco.

Por otro lado, es un costo.

Entonces, la tasa de interés tiene doble vida:

– La tasa de interés es el “piso” de la tasa de ganancia.
– Es un costo [el costo de financiar el negocio, por ejemplo cuando se pide un préstamo para iniciar el proceso productivo].

Pero un empresario, ¿se conformaría con el “piso” de la tasa de ganancia?¿No le convendría depositar el dinero en un banco y vivir de rentas? La respuesta es no. La tasa de ganancia no es igual a la tasa de interés. La tasa de ganancia es igual a la tasa de interés sumando el “riesgo del negocio”.

Piero Sraffa, en su libro “Producción de mercancías por medio de mercancías” [1960], considera que la tasa de ganancia es susceptible de ser determinada por el nivel de la tasa de interés monetaria.

De aquí surge, en tradición con la Economía Política Clásica, que es el Estado, en parte, el que decide cuánto van a ganar los empresarios y no los empresarios por sí mismos.

El Banco Central maneja la tasa de interés, que es una de las variables que regula la distribución del ingreso.

Volviendo a la entrada anterior [Sobre precios y costos], ya hemos resuelto uno de los determinantes más importantes de los precios: el costo de financiar el negocio, y su relación con la tasa de ganancia.

La próxima entrada, trabajaremos sobre la determinación del salario.

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¡Hasta la próxima!

PD: el mecanismo entre tasa de interés y precios fue estudiado para Argentina por Domingo Cavallo en 1977, en su tesis de doctorado. Para los economistas marginalistas u ortodoxos, esto es una paradoja, y la llaman paradoja de Gibson. En realidad, no es ninguna paradoja. Es un costo más, y por lo tanto, cuando sube la tasa de interés, como dijimos anteriormente, es muy probable que suban los precios.

Sobre precios y costos

Una de las preguntas más sencillas y más controversiales de la ciencia económica es la siguiente:

– ¿Cómo se determina un precio?

La respuesta podría ser muy sencilla y es lo que habitualmente escuchamos:

– Es obvio: por la ley de oferta y demanda.

Esa respuesta es la que vamos a encontrar en cualquier manual moderno de introducción a la economía, basado en la teoría marginalista. Sin embargo, si ahondamos en la profundidad de la teoría económica [William Petty, Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx] encontraremos que los precios son COSTOS, y que la proporción entre la oferta y la demanda puede tener un impacto menor en el precio.

Es decir, salvo en raras excepciones, los empresarios fijan sus precios en base a sus costos y le suman un margen de ganancia. Es decir que los precios son costos+ganancia empresaria.

Pero, entonces, cabría preguntarse, ¿de qué dependen los costos? Y también, ¿de qué depende la ganancia empresaria?

Para un empresario de a pie, los costos se determinan en base a:
1. La técnica que utiliza.
2. El costo de la mano de obra [el salario].
3. El costo de financiar su negocio [la tasa de interés]
4. Los precios internacionales, y/o del tipo de cambio, en caso de que utilice bienes importados [o exportables] para la producción .

Una técnica mejor, haría más barata la producción.

Si suben de precio los insumos importados en el país de origen, o si aumenta el tipo de cambio local [para este caso es lo mismo], subirían los costos de producción.

Por otra parte, la ganancia empresaria, el costo de financiar el negocio y el costo salarial, los discutiremos en la próxima entrada, ya que son determinantes un poco más complejos.

Costo_produccion

¡Hasta la próxima!

La depreciación del peso y los optimistas: el caso de México

Por José De Jesús Ramírez
En su libro Cándido, el escritor francés Voltaire relata la vida del joven Cándido y su mentor, el doctor Pangloss. Parte interesante del libro es la doctrina que el doctor Pangloss enseñaba a su pupilo, la cual se basaba en el optimismo desmedido y en el arte de la causa-efecto, señalando que un evento negativo en realidad era el preámbulo de algo positivo. Así Pangloss filosofaba “las desgracias particulares contribuyen al bien general; de manera que a más desgracias particulares mejor va todo”. Y por un tiempo Cándido le creyó.

No fue hasta después de vivir un cumulo de tragedias que incluyeron la destrucción de su palacio, su exilio, humillación y hasta la desdicha de ver morir a su maestro Pangloss ahorcado, que Cándido dolorosamente exclamo “¡Oh Pangloss! Tú no habías sospechado semejante espanto; se ve que no tendré más remedio que renegar de tu optimismo”. Cuando se le pregunto a Cándido que era el optimismo el respondió “Es obstinarse en defender con vehemencia que todo está bien cuando está mal.”

Sin duda, la filosofía optimista del doctor Pangloss, al menos en los análisis de la economía mexicana sigue vigente. En este último año hemos sido testigos de una abrupta depreciación nominal de la moneda nacional que aproximadamente alcanza el 40%, sin embargo en diferentes medios nacionales, economistas de diversas tendencias, periodistas e incluso recientemente Andrea Legarreta –esta última desatando polémica al ser conductora de un TV-show— han salido a vociferar no tan solo que la depreciación no es perjudicial para los mexicanos, sino que en contra de la lógica de cualquier lego indicaría, estos analistas han mencionado que la actual depreciación del peso ¡es positiva para la economía!

Cualquier trabajador mexicano seguramente se sentiría ofendido con esta aseveración y justificadamente podría señalar lo que los indignados argentinos decían en 2001 “Nos están orinando y los medios dicen que llueve”. Pero este breve ensayo tiene como objetivo ofrecer un análisis crítico de esta hipótesis, porque no deja de ser curioso que en los albores de la depreciación, en una revista virtual de izquierda uno de los autores llegaba a las mismas conclusiones que Legarreta –claro, sin causar la polémica de esta-, señalando que “Para el caso mexicano, la actual depreciación del peso quizá sea una de las pocas razones debido a las cuales la economía crezca un poco”. Así, este autor estaría emulando al doctor Pangloss cuando este le decía a Cándido “todos aquéllos que han defendido que todo está bien han cometido un error: deberían haber dicho que todo es perfecto”.

Dicha creencia compartida entre autores de izquierda y voceros de un gobierno neoliberal sobre la benevolencia de una depreciación de la moneda nos lleva ineludiblemente a las siguientes preguntas ¿Cuáles son los fundamentos que sostienen este análisis? Y más importante aún ¿Hay realmente unanimidad en torno a este enfoque?

En primer lugar, hay que agregar que el fundamento teórico que señala que una depreciación es positiva para una economía se encuentra en cualquier libro de texto de macroeconomía neoclásica y es conocida como la condición Marshall-Lerner; más aún, en México, autores como Jaime Ros (2013) han apuntalado que depreciar la moneda es una cuestión sine qua non para lograr el desarrollo industrial de una nación, pero ¿cómo llegan a estas conclusiones?

Para ilustrar la mecánica de esta estrategia damos un breve ejemplo. Supongamos que hay dos vendedores de jabones; uno mexicano y otro chileno; y ambos exportan jabón a Estados Unidos, en donde venden cada unidad a 10 pesos. Si en ambos países la paridad del tipo de cambio fuese de 10 pesos por dólar, a un americano le sería indiferente comprarle el jabón al mexicano o al chileno, ya que cada jabón, independientemente del país, le costaría un dólar. Ahora bien, si el tipo de cambio mexicano se depreciara de 10 a 20 pesos por dólar, el americano ahora podría comprar con un dólar dos jabones mexicanos. Bajo esta lógica, al ser más baratos los jabones en México, el americano solo demandaría jabones de ése país. Es de esta manera como la depreciación permitiría ganar competitividad a la industria de un país.

Ahora bien, explicado el fundamento que sostiene la hipótesis de los efectos positivos de una depreciación en una economía; hay que aclarar que no hay consenso en torno a este análisis. Como se dijo anteriormente, la condición Marshall-Lerner se encuentra en cualquier libro de macroeconomía “neoclásica”; pero hay que agregar que con la crisis del 2008 todo este compendio teórico ha sido fuertemente sacudido al no proveer del instrumental analítico para entender la crisis financiera. De esta forma, la condición Marshall-Lerner también debe ser puesta bajo escrutinio.

Acá señalaremos tres razones por las cuales una depreciación puede no reportar los beneficios que menciona la condición Marshall-Lerner y que lo más obvio es que esta cause efectos adversos en amplios sectores de la sociedad. En primer lugar, una de las falencias de la teoría es que se sigue basando en los principios neoclásicos del efecto sustitución; es decir, lo que se piensa es que la demanda de un bien depende únicamente del precio. Este supuesto sin embargo, ya ha sido puesto en cuestionamiento por diversos autores, uno de ellos fue Joseph Schumpeter (en Chang (2013: 69-70)), al señalar que más importante que la competencia por precios es la competencia por innovación. Es decir, en el caso de los jabones Schumpeter diría que aunque el jabón mexicano fuera más barato, si el jabón chileno fuera percibido de mayor calidad por el consumidor estadounidense, este seguiría comprando jabones chilenos; se sigue así que la demanda de un bien puede ser inmune a los supuestos beneficios de una depreciación.

Una segunda crítica es la señalada por Fiorito y los hermanos Guaita (2013). Estos autores hacen el señalamiento clásico de que una depreciación siempre significa una pérdida inmediata del salario real de los trabajadores. Esto es, en una economía que tiene un elevado comercio, gran parte de los insumos y maquinaria que utilizan las empresas son importados. Es por ello que, por ejemplo, si una empresa utiliza insumos importados, estos le serán más caros y por consiguiente los precios de los productos que esta empresa venda en territorio nacional serán más elevados. Si el salario nominal de los trabajadores (como ocurre en México) no sube de inmediato, esto implicará inmediatamente una pérdida del poder adquisitivo de estos trabajadores. De ahí que el trabajador mexicano no solo resiente el alza de los precios de los productos finales importados de Estados Unidos –como tantas veces se ha dicho—, sino también el alza de los productos domésticos. Por tanto, este menor poder adquisitivo de los trabajadores se convierte inevitablemente en una menor demanda de la producción doméstica. Los efectos finales son conocidos. Las empresas nacionales, dada una menor demanda de sus bienes y mayores costos, tendrán que ajustar el impacto de la depreciación mediante recortes en su personal o hasta con el cierre definitivo. Así, las supuestas ganancias de una depreciación – si es que estás llegaran a tener lugar – pueden ser fácilmente erosionadas por las pérdidas de producción derivadas de la misma depreciación.

Por último, hay que señalar el hecho poco mencionado por diferentes analistas, de que la demanda de bienes nacionales depende también del ingreso del país al que se exporta; es decir, aun con un tipo de cambio depreciado, si Estados Unidos no tiene un crecimiento económico significativo, las exportaciones de nuestros bienes no van a crecer en una elevada cuantía. Volvamos al caso de los jabones. Si un americano ve reducido su nivel de ingreso, aunque los jabones mexicanos sean más baratos, él no va a adquirir una mayor cantidad de ellos, y el caso contrario puede ocurrir; si aumenta su nivel de ingreso, entonces es posible que el americano adquiera más jabones. En este caso, lo que importa para que un jabón sea demandado de nuevo no es el precio, sino el ingreso de nuestro principal comprador.

¿Qué nos señala la evidencia en México? En la Gráfica 1, se muestras la evolución en niveles de las exportaciones mexicanas no petroleras junto a la evolución del tipo de cambio real en los últimos dos años, donde se muestra la tendencia de esta última variable hacia una depreciación continua. Lo que se puede observar es que en este periodo, las exportaciones parecen ser inmunes a la depreciación del tipo de cambio real. De hecho si se toma como porcentaje, durante el año 2015 la depreciación real fue cerca de un 12.2%, mientras que las exportaciones aumentaron en menos del 0.8%. Esto es importante porque los hechos estarían desbaratando el optimismo desmedido de muchos analistas, concluyéndose que no, la depreciación no ha sido positiva para nuestra economía. Acá estos analistas en un acto de redención podrían exclamar lo que Mefistófeles con las lamías ““ Tenté bellas máscaras y abracé seres que me espantaron. Bien me hubiera gustado que el engaño no se disipara, que durara algo más”

TCR Y X, MÉXICO11
Por otra parte, el Gráfico 2 muestra lo que hemos señalado anteriormente. Esto es, que es posible que la variable que en realidad sirve de impulso a las exportaciones nacionales sea el crecimiento económico de Estados Unidos.

GDP EUA

Quizá al trabajador mexicano, al resentir directamente los efectos de la depreciación ha dejado hace tiempo de ser un ingenuo Cándido como para creer en el optimismo de los doctores Pangloss; lo preocupante es que en la historia que nos narra Voltairé, Pangloss –aun con los hechos en contra— murió creyendo en su filosofía, ojalá este no sea el caso de muchos analistas económicos mexicanos.

Para finalizar hay que recordar una entrevista a Iñigo Errejón (2014) en la que, retomando a Gramsci, este señaló que un grupo es hegemónico “cuando es capaz de generar una idea universal que interpela y reúne no solo a la inmensa mayoría de su comunidad política; sino que además fija las condiciones sobre las cuales, quienes quieren desafiarle deben hacerlo”. En este caso, que haya coincidencia sobre las virtudes de una depreciación entre una parte de la izquierda mexicana y el gobierno neoliberal en turno solo revela la capitulación intelectual de esa izquierda y que por tanto, en el análisis económico de México, han dejado la hegemonía –y con ello las reglas del juego— completamente a disposición de los economistas neoliberales.
Bibliografía
– Castañeda D. (2015, 4 de Agosto) ¿Nos debemos preocupar por la depreciación del peso? Revista horizontal en http://horizontal.mx/nos-debemos-preocupar-por-la-devaluacion-del-peso/

– Chang, H.J. (2014) Economics; the user´s guide, Bloomsbury Press. New York

– Errejón I. (2014) Hegemonía, Estado, cambio e irreversibilidad (Acción Democratica) en . https://www.youtube.com/watch?v=gIDNJkA5dcA

– Fiorito, Guaita y Guaita (2013) El mito del crecimiento económico dirigido por el tipo de cambio competitivo. Revista Circus, Número 5

– Ros, J. (2013) Algunas tesis equivocadas sobre el estancamiento económico de México. Colegio de México.

– Schumpeter J. (2003 (1976)). Capitalism, Socialism and Democracy. Taylor and Francis e-library.

– Vernengo M. (2013, 7 de Agosto) Where is the elasticity? (or more on devaluation and growth) recuperado en http://nakedkeynesianism.blogspot.mx/2013/08/where-is-elasticity-or-more-on.html

Acerca del problema de la Economía Política

En primer lugar les queríamos agradecer el voto de confianza que han puesto en nosotros: la cantidad de seguidores ha superado nuestras expectativas.

Esta página surge como respuesta al alejamiento de la Economía de la gente, del hombre de a pie. La Economía, en los últimos años, se ha convertido en una ciencia “oscura” para la mayoría de los habitantes del mundo. Y no es para menos, los economistas nos hemos subido a un pedestal académico del cual se nos hace muy difícil, dada la formación de las Universidades (de todo el globo), “bajar a tierra” muchos conceptos. Hablamos raro y escribimos con números.

Sumado a esto, se da un proceso de descreimiento generalizado en las premisas de la economía tradicional debido a las catástrofes sociales que han derivado de sus aplicaciones a la realidad.

Cuando esto ocurre, puede ser alentador analizar qué ha ocurrido en la historia de esta ciencia. La idea de esta página, de este curso virtual, es que ustedes se apropien de las herramientas que brindaremos aquí, que son herramientas de pensamiento, y que dependerá de ustedes cómo las utilicen en pos de desvelar el día a día, aunque también los ayudaremos a ello.

Ustedes habrán leído en algún momento que la Economía es la administración de los recursos escasos, o directamente, el estudio de la escasez. Esta es la definición que van a encontrar en la mayoría de los modernos manuales de “Introducción a la Economía”, fundados a la luz de la teoría Neoclásica o Marginalista. Bajo nuestra perspectiva esto no es necesariamente así: la Economía se trata más de estudiar qué ocurre con la abundancia. Como veremos más adelante, son pocos, o casi ninguno, los casos en los que la escasez tiene un rol determinante en la formación de los precios.

Encima, el sistema capitalista ha demostrado ser un sistema que se reproduce constantemente. Así como los trabajadores necesitan un salario que les permita un consumo necesario para vivir, también el capital requiere una tasa de ganancia o beneficio para reproducirse. Acaso podríamos preguntarnos de qué depende el tamaño de la “abundancia”, esto también lo estudiaremos.

Por lo pronto es importante recalcar que la “abundancia”, el producto de nuestro trabajo, se distribuye entre tres clases de la comunidad: el propietario de la tierra, el dueño del capital y los trabajadores. Esto se distribuye de la siguiente manera: los terratenientes reciben una renta, los capitalistas un beneficio y los trabajadores un salario.

Según David Ricardo, uno de los teóricos más importantes en este campo, el principal problema de la Economía Política es la determinación de las leyes que regulan esta distribución, y este será nuestro punto de partida.

Economia_Politica_revisited

¡Hasta la próxima!